Porque como todas singularidad y belleza única que merece la pena, las rosas tienen espinas. Pero aún así te arriesgas a cogerlas igual que te atreves a tomar decisiones difíciles en la vida. Podrás disfrutar de su fragancia y alegrar tu vista así como tienes un momento feliz después de hacer la elección que considerabas correcta. Y saber que aún con pinchazos sangrantes en los dedos, la sonrisa pura que se dibuja en tu rostro hace que hayan valido la pena. Aunque su existencia luego sea efímera, igual que la verdadera felicidad compuesta de apenas unos instantes de pura dicha, te quedará su recuerdo. Un recuerdo alegre, agridulce, melancónico, elegante, sutil y hermoso. Más o menos como suelen ser los recuerdos, al menos la mitad de ellos, y también como son más o menos las rosas.
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