En tiempos de fronteras naturales y sin murallas
cuando las alianzas eran puentes entre civilizaciones
se tiende una cuerda sujeta por una tierna infancia
en manos de herederos de dos ciudades.
Un niño de cabellos color obsidiana y mirada limpia de cervatillo,
al que antes de dar más de unos pocos pasos se le subió a un caballo
y antes que un juguete se le puso una espada en la mano,
pues se le enseñó terror y crueldad para la corona que debía llevar.
Una niña con tirabuzones escarlata y esmeraldas por ojos.
Una digna señorita bailando con pomposos vestidos y manejando abanicos con plumas,
mas también sabe moverse en batalla, tensar un arco y esgrimir una daga,
pues será futura madre y esposa a la par que dirigente de ejércitos y reina.
En la inocencia de la niñez ambos tendieron sus manos
sin embargo la fuerza progenitora interpuso un muro entre ellos
matando la semilla de ilusión en él para imponer las antiguas costumbres
y reforzando en ella su libertad y el deseo de llevarla hasta otras personas.
Los años se suceden y príncipe y princesa crecen.
Futuro señor de una villa conservadora, tradicional y retrógrada.
Futura señora de un reino próspero, avanzado y progresista.
Ambos alcanzan sus tronos y con ello el mando y el destino de muchas vidas a su cargo.
Sus padres y naciones se tenían un odio que debe ser heredado.
Él lo mantiene y desea iniciar otra guerra sin tregua que nadie ha ganado en siglos,
pero ella recuerda los días de infancia y no desea batallar sino lograr la paz.
Extender la cultura que le han enseñado para que personas fuera de su mando dejen de sufrir.
Sin embargo no la dejan obrar como se debe y sobre ella se ciernen flechas y catapultas.
Quien de niño fuera compañero de juegos ahora la golpea con saña y sin misericordia,
destruye la armonía de su hogar y a este mismo obligándola a huir con su gente
pues lo pocos que se queden para defender su casa y su honor serán víctimas de un tirano.
Mas en su afán de conquista dejará abandonado su propio feudo y a cualquiera no militar en el.
Es la hora de aprovechar y demostrar que sus maneras no son adecuadas,
con el deseo de seguir adelante ella se encamina hacia la morada de su enemigo ahora desatendida
pero no con planes de destrucción sino de conquista digna y promesa de un nuevo futuro.
Al principio sus palabras no son escuchadas pues nadie en ese lugar cree posible lo que cuenta,
más cuando ven tanto a hombres como mujeres en su ejercito y todos acatando sus órdenes
comprenden que otro modo de vida es posible y la siguen entregándose a su mandato,
para rehacer su sociedad y olvidar el yugo al que estuvieron siempre sometidos.
Se juntan las dos civilizaciones, yendo hacia delante como una sola.
Sin embargo no hay ninguna paz eterna y el deseo de venganza es humano.
Un gran ejercito marchará contra un antiguo amigo, enemigo y señor.
Ahora se levantarán en armas aquellos a los que se les negó tal derecho para demostrar cuan válidos son.
Desde una ciudad en ruinas habitada por esclavos ve llegar a las huestes,
formadas por viejos enemigos que creyó derrotados y también por aquellos que antes fueron vasallos.
Sus tropas no pueden defender un castillo vacío y ruinoso contra sus propias familias
así pues la victoria es de aquella con quien jugó en los días tranquilos de su niñez.
Tras la derrota, los tronos y destinos de todos quedan en manos de una mujer con cabellos de sangre.
Pero no dejará sus manos del mismo color con la muerte de su antiguo camarada.
El exilio es lo que a él le espera por no haber querido la alianza que ahora ya reina en las dos villas,
el abandono de todo lo conocido y de la vida feliz e igualitaria que podría haber tenido.
Esta historia no va a ser olvidada aunque los tiempos antiguos pasen y lleguen nuevos.
Aunque existan siempre fronteras entre civilizaciones este recuerdo permanecerá
por siempre en la memoria como aquello que es posible y se debe lograr,
como una muestra de que todos podemos hacer lo mismo si se nos da la oportunidad.
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