sábado, 17 de noviembre de 2012

Solo por un simple reflejo

La quietud del lago parece imperturbable. Su superficie lisa y cristalina se asemeja a un espejo. Al inclinarse para observar su reflejo, se detiene a mitad de camino. Envuelta en una túnica de seda blanca  y con los cabellos sueltos por la espalda su belleza es aun más evidente. Se pone recta de nuevo, adoptando una pose elegante y majestuosa que es capaz de adquirir de forma natural. El fino aro de plata que le ciñe la cabeza, a juego con su túnica y en contraste con la melena de obsidiana, aumenta la sensación de estar ante una deidad. Pero a pesar de su belleza, su presencia y su rango, es capaz de sentir miedo. Al contrario de sus semejantes, llenos de vanidad y narcisismo, a ella la asusta lo que pueda llegar a ver. Ese reflejo eterno destinado a mostrar su verdadera forma. Unas lágrimas silenciosas resbalan por sus pálidas mejillas. Los labios llenos y habitualmente sensuales tiemblan ligeramente. La inquebrantable calma del agua se rompe en mil pedazos cuando las lágrimas chocan contra ella, en cascada desde sus húmedos ojos, creando simétricas y perfectas ondas. Se asoma de nuevo a la orilla del lago pero no es capaz de ver nada. Sus lágrimas han hecho desaparecer al espejo y su poder cuando han destruido la perfecta quietud del lago. Tras parar las ondas aparece su reflejo. EL rostro de una hermosa joven con rastros de lágrimas en los ojos y una sonrisa y feliz aliviada tras vencer a sus miedos.

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