Voy a la deriva del mar
meciéndome con las olas.
Cierro los ojos, abro las manos,
mientras me dejo llevar por dentro.
Escucho un suave susurro,
la que parece la delicada voz marina.
Apenas un murmullo entre las olas
con ese perlado tono de admirar.
El sol me trae un suave cosquilleo.
La fría brisa contra mi piel
es como una fina tira bordada
de sonrisas, lágrimas, lamentos y alegrías.
Me acerco a la playa,
mis manos se cierran en la arena
y mis ojos se abren al cielo
mientras me alejo del agua.
Me doy la vuelta por última vez,
para observar la agitada marea
que me ha transformado en mi interior
además de cambiar todo a mi alrededor.
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