jueves, 11 de octubre de 2012

La loba

Cielo de plata con perlas bordado
que descienden hasta el suelo
cubriéndolo todo con un dulce manto
que acoge mis pies helados.

Entre el blanco puro que todo lo rodea
se extiende una oscuridad al fondo
camuflada entre las largas ramas
donde no llega la luz pero si el alma.

Dos diamantes brillan desde sus profundidades
semejantes a cristales de hielo
con filo acerado y penetrante
que lanzan una mirada de desafío.

Esos ojos de carácter sincero y majestuoso
enmarcados por un rostro de pelaje solemne
coronado por dos oregas elegantemente erguidas
y acabado en un delicado hocico.

Su cuerpo fuerte y decidido
pero ágil y sutil a un mismo tiempo
capaz de derribar cual tigresa de bengala
y capaz de saltar cual cierva de pradera.

Un aura inquietante la rodea
fundiéndola y separándola con el paisaje
en el que encaja debido a su blancura
y en el que reina con su mente cazadora.

Aulla a la luna escondida en el día
a su vez tapado por el invierno.
Llama a sus compañeros de cacería
pues vagan solos en lejanía.

La suave nevada aminoriza su paso
y el tiempo pasa dando lugar a la noche.
Así llega el momento de su verdadera naturaleza
de enseñar los colmillos y mudar la calma.

En sus ojos se refleja la presa
aquella que cazara para sus crías
pues es instinto de la madre loba
que alimenta, protege y nunca abandona.

Así vuelve a velar y alimentar a sus crías
que el próximo invierno estarán ya crecidas
vigilando desde las sombras cubiertas de blanco
con sus ojos de hielo penetrantes y acerados. 

 



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