sábado, 27 de octubre de 2012

Una mirada hacia el horizonte

El horizonte está de un profundo color naranja con el Sol en un tono amarillo en el centro, iluminando las nubes grisáceas de brillantes rosas, naranjas,  y violetas. Los cálidos rayos me llegan al rostro de forma débil todavía. Pues de no ser el amanecer del Sol sino que hubiese sido su cenit, este habría estado en lo alto del cielo desprendiendo auténtica calidez pero siendo imposible mirarlo sin sufrir daño. Así que me deleito con su vista, con sus colores, con el juego de luces y sombras que crea en el paisaje. El camino delante mía ha adquirido una tonalidad rojiza y las sombras de las piedras que lo decoran se alargan hasta el infinito. El sendero va hacia el Este siendo su fin el principio de un nuevo día. Mientras camino decidida a afrontar todo riesgo que surja, una sonrisa resignada se me dibuja en los labios debido a los recuerdos y al pensamiento de que no tendré de nuevo la oportunidad de disfrutar de un espectáculo semejante.

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